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Photo by Daniel Seßler / Unsplash

En el primer módulo de la materia aprendí y reforcé los fundamentos de la gestión de activos. Si bien, en materias pasadas se había platicado mucho sobre cómo el tener una buena gestión de activos es esencial para un buen programa de ciberseguridad y para el cumplimiento con estándares y regulaciones, en esta materia se profundizó más en la teoría y se llevó a la práctica. Esto me permitió entender que la gestión de activos no solo es tener una lista de equipos o sistemas, si no que implica entender que se tiene, donde está, quien es el responsable, cual es el estado del activo, la criticidad del activo y como se debe proteger.

La teoría me ha ayudado bastante a entender mejor los conceptos que se mencionaban en clases anteriores, y queda más claro lo que piden ciertas regulaciones/estándares. Antes, cuando se hablaba de que un estándar requería un inventario de activos o una clasificación de la información, lo entendía de forma muy general; ahora tengo una idea más clara de por qué se pide, qué valor aporta y cómo se relaciona con otros controles de seguridad.

Pero sin duda, lo que más me ha ayudado y gustado es poder entrar en la práctica sobre la gestión de activos. Instalar y utilizar herramientas que suelen ser usadas en escenarios reales me da la experiencia de lo que se tiene que hacer para aportar al programa de ciberseguridad o cumplir con un estándar/regulación. Durante este proceso también me di cuenta de que no todo es tan sencillo como se ve en la teoría: la configuración de las herramientas, la interpretación de los resultados y la organización de la información requieren tiempo, atención y criterio. Esto me hizo valorar más el trabajo que se realiza en las organizaciones para mantener un inventario actualizado y confiable.

También he reforzado más la parte del análisis de riesgo, vista en clases anteriores, pero ahora con un enfoque a los activos y las vulnerabilidades en estos. Durante la actividad del escaneo, apliqué mi criterio con base en lo aprendido para establecer priorizaciones, esfuerzos y, pensando en un escenario real, recursos sobre las vulnerabilidades identificadas. Entendí que no basta con identificar las vulnerabilidades, sino que es importante analizarlas considerando la criticidad del activo, el impacto que podrían tener en la organización y la probabilidad de que sean explotadas. En un escenario real, los recursos son limitados, por lo que saber priorizar se vuelve una habilidad clave para atender primero lo que representa un mayor riesgo.

En general, este primer módulo me ha dejado una visión más completa de la importancia de la gestión de activos como base de la ciberseguridad. Considero que lo aprendido me será muy útil tanto en lo que resta de la materia como en mi desarrollo profesional, ya que ahora tengo una mejor comprensión de cómo conectar la teoría, las herramientas y el análisis de riesgo para tomar decisiones que realmente aporten a la seguridad de una organización.